Afuveva

AFUVEVA, una asociación de vecinos forjada en la lucha

Cuando tú y yo deambulemos ociosos, plácidamente aburridos por la cruceta de sus dos avenidas camino del bar; me vas a recordar el frío de Puerta del Sol, la carne amoratada, las detenciones brutales, el duro banquillo del juzgado o las reuniones hasta la madrugada con una tal IGS; parece que te estoy viendo.Yo te haré alguna observación sobre los brotes recentales de aligustre o la nueva programación del Centro Cultural, en el fondo es lo único que me importa… (El Cooperativista, nº 1 diciembre de 1994)

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Siempre me he preguntado si mereció la pena sembrar aquellos trigales de asfalto. Valdebernardo era un valle jalonado de escombros del vecino Vicálvaro y en mayo campos de trigo con olor a mies granada. La M-40 aún no pasaba por aquí, y se conservaba íntegro el terraplén que soportaba la vía por donde transitó rampante, de Este a Oeste, el famoso tren de Arganda.

Todo esto era campo, en verano parecía el Desierto de Gobi, Madrid terminaba en Moratalaz. Los futuros vecinos de Valdebernardo que en enero de 1990 habíamos firmado con la cooperativa PSV un contrato de adjudicación de vivienda nos conocimos sobre este páramo. Habíamos pagado más de doce mil euros para comprar el terreno, pasaban los meses y aquí no se movía una piedra.

Los fines de semana veníamos con la esperanza de ver alguna excavadora desdibujando los surcos de trigo o allanando los montones de escombros, todo seguía igual. Al principio nos juntábamos, sin convocatoria ni orden del día, en la Plaza de Alonso para consolarnos y alertarnos. Nunca se lo he dicho a nadie, en los momentos más duros de la agónica lucha por nuestras viviendas, la Asociación de Vecinos fue mi mejor consuelo, también mi acicate. Necesitábamos reunirnos de nuevo, era noviembre de 1992, habíamos pagado a PSV y a su gestora IGS cerca de 30 mil euros y no se movían tierras, no se urbanizaba, no se enterraban cimientos, no se ponía un ladrillo…

Había que organizarse, los que conocíamos el nacimiento de otros barrios de la periferia de Madrid sabíamos lo importante que era lograr la unión, la coordinación y la movilización de los vecinos en la conquista de una vivienda digna. Creamos AFUVEVA porque era necesaria.

Tres años después uno de los directivos de SEGISA, la empresa que construyó la mayoría de las viviendas de Valdebernardo, lo reconoció públicamente en una reunión : si no llegáis a organizaros como lo habéis hecho, a estas horas seguro que os encontrabais sin posibilidad de conseguir una vivienda, y tal vez sin el dinero adelantado. Los dos años y tres meses comprendidos entre la creación de AFUVEVA en noviembre de 1992 y la puesta en marcha de SEGISA en enero de 1995, fueron los más exigentes para los cooperativistas de PSV y para la Asociación. En este periodo, vivido con angustiosa lentitud, tiene lugar la suspensión de pagos de la cooperativa, se presenta la querella criminal contra los miembros de su Consejo Rector, UGT, IGS y UNIAL, la demanda civil contra la auditora Ernst and Young, presiones políticas impiden que la Asociación se reúna en locales públicos, se deniega la legalización de AFUVEVA porque Carlos Sotos, gerente de PSV, ha inscrito otra asociación de vecinos con un nombre similar, se descubre que las parcelas 5, 8 y 10 no están pagadas todavía al Consorcio Urbanístico de Valdebernardo a pesar de que los cooperativistas habíamos comprado previamente todo el suelo, AFUVEVA sufre la primera escisión en la Junta Directiva…Aparentemente no había salida.

En febrero de 1994 se suicidó un cooperativista, Gabriel Morenco de Mingo. Si hubiera aguantado unos meses más habría visto el primer resplandor en el túnel. Durante estos dos largos años la Asociación permanece en estado de constante movilización, se suceden las concentraciones en la Puerta del Sol, las manifestaciones, los encierros, los cortes de tráfico en la M-40, las detenciones, los juicios, las pintadas y las negociaciones; siempre estábamos dispuestos a la negociación y a la lucha. Todavía recuerdo, como si estuviera ocurriendo ante mis ojos, a un policía aporreando en Avenida de América la cabeza y los hombros de un vecino de mi parcela, y él quieto, inamovible como una razón primigenia, montañosa, haciendo añicos la moral de su verdugo. No obstante, comenzábamos a lograr uno de los objetivos que habíamos perseguido en la Junta Directiva desde el principio, y que PSV nos negó siempre: el acceso al nombre y la dirección de los cooperativistas para comunicarnos con ellos.

En enero de 1994 contábamos ya con 1 600 socios, pocos meses después llegaríamos a 2 000, el 75 % de la Promoción. Cualquier solución al problema de Valdebernardo tenía que contar con AFUVEVA. Negociamos con lo que quedaba de IGS y con SEGISA las cuentas para la segregación de Valdebernardo del resto de promociones de PSV, y el 4 de mayo de 1995 se inician por fin las obras para la construcción de nuestras viviendas. A partir de esta fecha, histórica para el barrio, se inicia una nueva etapa en AFUVEVA con objetivos y métodos diferentes. El interés de los asociados se centra en las sentencias judiciales sobre la querella criminal contra Carlos Sotos y el Consejo Rector de PSV y la demanda civil contra Ernst and Young. Acatamos dichas sentencias condicionadas políticamente, aunque las consideramos a todas luces injustas.

Una vez solucionados estos asuntos judiciales, AFUVEVA se convierte en una asociación de vecinos propiamente dicha, con sus áreas de trabajo implicadas en la realidad del barrio: urbanismo, educación y cultura, sanidad, medio ambiente, seguridad ciudadana, migración y festejos. Siempre trabajando por un barrio mejor y con las limitaciones de cualquier proyecto humano. Todo ha cambiado, la Asociación, Valdebernardo, nosotros… creo que no nos ha ido mal. Se nos puede encontrar en el parque jugando con nuestros hijos, en el vagón de Metro camino del trabajo, tomando una cerveza o paseando por el bulevar ; pero hay algo que permanece, que a mí me da confianza y me hace sentir más a gusto en este “valle altiplano”, y no es otra cosa que mis vecinos, los de la “razón montañosa” siguen ahí, a mi lado, no tengo más que darles una voz.

…Lo que nunca nos perdonará el tiempo, ese lugar conquistado, es la sospecha de no haber caminado ahora hacia ella a pecho descubierto, con la generosidad suficiente para que al llegar reconozca nuestros pasos. Valdebernardo es tierra prometida, hay otros barrios pero no me gustan, en Valdebernardo hay un grupo humano ilusionado, fuerte y solidario; quiero vivir entre gente como ésta… (El Cooperativista, nº 1 diciembre de 1994)

En Madrid, a 5 de enero de 2006 Vicente Sánchez Cuadrado.

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